Destinos: de puro mestizaje

De la Pampa Argentina.

Allá no tan lejano,

despunta el día:

dónde el canto de los pájaros  se hace eterno

dónde el sol no pierde el día:

en  tropel  se reúnen  los equinos;

cuadrilla  de machos alados,

circundan las vertientes:

la manada de raza criolla:

con crines alargados le gimen al viento,

son hermosos y  elegantes en su  andar,

inquietos, se transportan a la guía

del rey de  su  manada.

Se separa el cuadro con  alambre de púas,

el relincho marca, la nobleza de su garganta,

se adorna las sierras y el horizonte plano.

Las colas son relucientes y festejan el viento.

Fue ese día, se trajo al campo, una yegua albina

reluciente como el viento, cuidada, por su cepa,

cuidada por su extirpe de raza: árabe normanda:

estaba pastando en un reluciente día,

hasta qué el viento transporta olor a heno y celo animal,

el instinto la transforma en bestia enloquecida:

rompe el lazo del encierro, huye transportada por el viento,

corre su legua de tierra y polvo, salta la alambrada, corta  el viento

 

Cuadro I

Se alborota el macho de la manada: estilizado azabache, porte bajo,

resistente  al  trote,  lo llaman el lucero de las pampas Argentinas,

rebuzna el coraje en  ¡Sabia nueva!

La manada se acerca estupefacta de tanta belleza

se le acercan lentamente resoplando, al darle la bienvenida

a tan  singular beldad, de pura sangre…

Se pelean los machos, a la conquista tan singular,

entre patadas y mordiscos, se impone el criollo alazán.

No presenta diferencia el contraste de su sobrio linaje:

el cielo impuso las condiciones del instinto:

a  la yegua alterada;

se le acerca al macho, y  se encuentra al olor de savia nueva,

vibran, sudan los cuerpos, se irradian las colas,

relincha en su lenguaje tan peculiar: de macho y hembra

se expresan pasiones equinas, en un solo atardecer

se encuentran un albino y azabache destino.

Cantan las alondras al feliz encuentro.

 

La yegua fue separada, de su potrero, por haber roto

las reglas del hombre y descalificada de su pura sangre.

Su recuerdo quedó plasmado en esa tarde de amor,

y así pasaron los meses del verde día, y la noche se hizo tiempo.

 

Y así llego el famoso día, donde nació el lucero de potrillo,

todo el día al lado de su madre, relincha  y salta: al compás

de las mariposas.

 

Cuadro II

 

No ha conocido la distancia de su madre:  

el tiempo predomina, sobre el interés humano

el  potrillo lo preparan para el juego de la sortija

varios criollos de la tarde del domingo:

se lucen  las pilchas nuevas.  El macho manchado,

es  una figura reluciente entre árabe, criollo, normando

no hay legua que no gane a pleno, el viento se queda corto.

 

En el potrero reluce su mestiza  pura sangre, de nobleza oculta

se impone en el destino la carrera del año, con premios,

no hay semanas que no gane, de punta a punta.

Comienza la envidia del perdedor,

en tardes dónde se esconde el sol,

se prepara el atentado al fino potrillo:

por haber relucido su estirpe de pura raza.

 

Dónde una lapida, en su potrero dice:

aquí yace el potrillo más veloz de la pampas Argentinas.

Dónde su  recuerdo traspaso fronteras,

y se hizo tan popular en las esferas de tours,

los llamados  potrillos de raza impura.

Quedo en el recuerdo aquel día,

la manada de corceles de raza criolla.

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¡La felicidad!: Es un  estado de ánimo.