A mi amada Esposa
Nos fuimos acercando, nuestros cuerpos se
reconocieron, se enredaron de tal
forma como jamás lo
hicieron. El perfume que
emanaban, llenó el ambiente de
deseo y nuestras bocas se
encontraron para quemarse en el
fuego. Las mejores caricias de repente nacieron acrecentando la
pasión con fantasías y
con juegos. De pronto y por un
momento nos marchamos hasta
el cielo y en ese volar tan
alto se fusionaron los
cuerpos, un grito de libertad nos envolvió en el
tiempo, cuando el huracán
salvaje estremeció los
cimientos envueltos en tanto
placer regresamos hasta el
lecho y con una voz
susurrante te dije cuánto te
quiero. |