¡Dios es grande! exclamó
el diablo al sumar sus haberes.

 ¡Dios provee! festejó
el cardenal en su palacio.

 ¡Dios insiste! comprobó
el corresponsal de guerra.

 ¡Dios no existe! dijo
al mirar Dios su obra.

 

SUMAR O PERDER

 

            Un texto bien intencionado que repite una opinión sincera sobre un tema candente que repite de grado porque repite los errores y repite los dolores y repite los temores y repite el deseo irrefrenable de que la sensatez llegue sorpresivamente y cuando menos pensado los brazos palestinos y los hombros israelíes y viceversa se sumen en un abrazo sincero y se multipliquen los motivos por los cuales las balas tendrán una justificación para morir oxidadas y los cañones una razón para fallecer de tedio y las bombas apenas la alternativa de explotar de rabia y los bombarderos agonicen sin pena ni gloria, y sobre todos los escombros del odio ciego y sobre todos los campos que un día fueron de batalla florezca y fructifique una paz que no sea un discurso electoral ni una promesa divina, sino una tangible realidad que como un disco rayado se repita hasta el hartazgo.

* * * * * 

La culpa es de los “otros”. Siempre de los “otros”. Nosotros hicimos todo para llegar a un acuerdo y ellos nada. Nosotros propusimos la Paz y ellos la rechazaron. Y así sucesivamente. Versiones de hechos. Visiones particulares de eventos. Parcialidades humanas. Opiniones generadas en el territorio de sombras en el cual el enorme peso específico de la subjetividad se derrumba sobre nuestra capacidad de juzgar e impone el tono y el contenido. Y eso se aplica tanto a israelíes como a palestinos, a judíos como a musulmanes.

 

En general – salvo en rarísimas ocasiones – las religiones, los dogmas y las ideologías deforman la visión y la comprensión de la realidad. Estrechan horizontes. Impiden la mirada incorrupta tanto sobre el pasado como sobre el presente, y como consecuencia sabotean nuestra capacidad de cartografiar con objetividad el mapa de un proyecto viable de futuro.

 

Ese es nuestro gran e insoluble problema como actores y espectadores que somos del drama que se escenifica en Oriente Próximo, porque partimos de ideas preconcebidas sobre hechos que aún no ocurrieron. Disponemos de respuestas escritas hace miles de años para cualquier hecho ocurrido antes de ayer o aún por ocurrir, transformando el ejercicio de la analogía en una varita mágica que todo explica y justifica, pero que muy a pesar nuestro, poco o nada resuelve.

 

Entiendo que para crear las condiciones necesarias dentro de las cuales la Paz deje de ser apenas un discurso, es imperativo no caer en la emboscada que el amor por nuestro pueblo o nuestra Historia (seamos judíos o palestinos) suele tender a cada uno de nosotros. Sí, como bien lo tipifica la sabiduría popular, la caca de nuestros hijos huele a rosas, mientras que las rosas del jardín de nuestro enemigo emanan el inconfundible aroma de la materia fecal.

 

Frente a la doctrina fundamentalista islámica – que tiene como uno de sus pilares básicos la idea de que la ”guerra santa” contra los sionistas es justa y obedece a los designios divinos, y que los ataques indiscriminados contra la población civil sirven para acercar la llegada del día en que la Paz reinará en Palestina, se debe defender públicamente y sin rodeos la teoría que afirma y prueba que no hay paz posible si se la intenta construir sobre los cadáveres de inocentes, y que el combate al enemigo debe ser emprendido exclusivamente contra las fuerzas armadas ocupantes – como bien lo definen y justifican las leyes internacionales – y nunca contra población civil indefensa, y que la resistencia armada, aunque justificada dentro de un contexto como el actual, no es suficiente para reducir o mucho menos para eliminar las causas que sirven de justificantes al gobierno Sharon para bombardear selectiva y colectivamente población civil inocente o para mantener en arresto domiciliario a tres millones de ciudadanos, porque cuanto más exploten suicidas dentro de ómnibus o restaurantes o en la puerta de las escuelas dentro del Estado de Israel, matando a inocentes que no tienen nada que ver con el conflicto, lo que se estará haciendo es generar más y peores asesinatos selectivos y colectivos. Y eso es lo que está ocurriendo.

 

Frente a la doctrina Sharon, que tiene como uno de sus principales fundamentos la idea de que Israel está reocupando y bombardeando y destrozando y masacrando territorios y población con la finalidad de erradicar la infraestructura terrorista, debemos defender públicamente y sin rodeos la teoría que dice y prueba que no existe ejército capaz de eliminar al terrorismo, sin que las eventuales medidas “quirúrgicas” vengan acompañadas de decisiones políticas tendientes a eliminar o por lo menos a reducir las causas que sirven de justificantes a los que eligen la opción desesperada del terrorismo, porque cuanto más el ejército mata “futuros terroristas o suicidas en potencia”; cuanto más las bombas eliminan familiares de los terroristas o de los suicidas, amigos o vecinos de los terroristas o de los suicidas, lo que de hecho se consigue es generar mucho más terrorismo. Y eso es lo que está ocurriendo.

 

           Conocer y reconocer esos principios básicos es la base de cualquier proyecto de Paz serio y con probabilidades de ser implementado. El principal sacrificio de ambas partes para poder negociar sin emboscadas, es “olvidar” las cuentas pendientes del pasado, porque si ellas continúan a ser usadas como argumento por una o por ambas partes, el círculo vicioso habrá sido el vencedor una vez más, soterrando bajo las viejas culpas recíprocas la llegada de un futuro en el cual ambos pueblos puedan mirar al mañana con esperanza, y no al ayer con odio y deseos de venganza.