DESAPARECIDOS

 

Veo a Rodrigo en la Argentina

y en el paraíso celeste.

Y a René, en las sombras

de la nada.

 

Hermanos míos,

¿qué os han hecho?

¿Dónde yacen vuestras ilusiones?

¿Y cuándo mis lamentos?

 

¿Dónde descansan los justos?

¿Y los ultimadores de nuestros sueños?

 

Los observo, hermanos míos,

horadando las conciencias

de los desalmados;

trepanando,

punzando la verdad lacerante.

 

Veo a Rodrigo y a  René

en la cumbre de mis furias,

porque la jauría abominable

pasa por la vida ilesa.

 

Veo sus sonrisas truncas,

violentamente arrancadas.

Las adivino en el tiempo retenido

y el olvido rebelde.

Las percibo en la tristeza infinita

de la madre quejumbrosa

y en mis añoranzas rotas.

 

Los atisbo a la distancia,

hermanos míos.

Los imagino en la Argentina

y en el cielo.

 

Trajino oscilando

entre la memoria y la impotencia,

y no hallo consuelo.

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