INTROSPECCION

 

Miro dentro de mí

y no encuentro nada,

pero sé que algo me roe

los nervios.

 

Me asomo

y casi me caigo al interior

de mi esqueleto.

 

Estoy marchito.

Mi sangre se oxida

y mis manos trituran

los huesos.

Entonces me encierro

en mi cadáver,

ataviado de miedo

infinito.

 

Mi piel sin la sangre

se triza

y se arrolla

desnudándome

entero.

 

Qué materia más invisible

poseo.

Estoy lleno de tierra

y de glóbulos verdes,

horrendos.

 

Me resbalan por los huesos

entumecidos

mordiendo mi polvo.

Me deshilachan los sueños

y me oscurezco por completo.

Rezo.

.