INTROSPECCION Miro dentro de mí y no encuentro nada, pero sé que algo me roe los nervios. Me asomo y casi me caigo al interior de mi esqueleto. Estoy marchito. Mi sangre se oxida y mis manos trituran los huesos. Entonces me encierro en mi cadáver, ataviado de miedo infinito. Mi piel sin la sangre se triza y se arrolla desnudándome entero. Qué materia más invisible poseo. Estoy lleno de tierra y de glóbulos verdes, horrendos. Me resbalan por los huesos entumecidos mordiendo mi polvo. Me deshilachan los sueños y me oscurezco por completo. Rezo. |