|
EL VIEJO Y EL ESPEJO
No, no es que ya esté más viejo:
el descompuesto es este espejo
herrumbroso,
es cierto,
y ese anémico madero que lo cerca,
por ejemplo,
y ese vidrio deslumbrado,
sin reflejo.
No, no es que yo esté más viejo
Esos surcos tan profundos en mi rostro
no son míos,
son las huellas de los años
en el trasto polvoriento
que se empeña,
irreverente,
en culparme de sus miedos
y en faltarme así el respeto.
No, no es que yo esté más viejo,
te lo prometo.
Tal vez sea mi cansancio
proyectado en ese espejo.
Aunque sí hay algo cierto en todo esto:
son sus años los que tengo
y es posible que su traza no me agrade,
y es por eso.
Es por eso que no quiero
confrontarla con mi aspecto
Puede ser que esté algo viejo
porque ahora duermo menos,
ya camino un tanto lento
y me pesa más el cuerpo.
Pero, -insisto-
te prometo:
exagera aquel espejo
Lo que pasa es que mi vista
se ha acortado con el tiempo,
además que lloro tanto
de cada cosa que pienso.
Puede ser que esté algo viejo
porque agobiado me siento:
rehuyo las estridencias
y me encierro en mis tormentos.
El espejo,
te prometo,
es sólo un delator perverso
que gusta mostrarme triste
cuando de tristeza muero.
|