DESASOSIEGO

He consumido mis ojos
al fragor del rábido ímpetu.
He estallado en mil pedazos
desde mi propio aliento.
Mis manos rígidas,
mi avidez en tormento,
la rizada calma,
la fiebre de toda mi sangre
bullendo.

En la oquedad más críptica
he nacido y he muerto:
balbuceante
turbado
rechinando
candente.

He mordido mis labios
cuán rayo eviterno.
He expiado las elegías
que busco y no quiero.
Y así se me va la vida:
cuando la alcanzo la dejo.
Las brisas que me la llevan;
que me la devuelve el viento.

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