COTIDIANAMENTE MUERO

Cotidianamente muero,
pero mis muertes
son más negras y deleznables.
Yo las miro con el rabillo del ojo.
Las espanto con el grito
y la amenaza.
Atado no huyo,
aunque
-¡cómo, Dios!-
quisiera hacerlo.

Lluvia del alma
sin el isócrono golpe
de la lágrima azotada contra el huello.
Sin vientos huracanados.
Sin miramientos.
Sólo minando y minando
en mi cuerpo.
Y cotidianamente muero.

Reptan en mi hoguera
las serpientes furiosas azolvadas.
Y yo
cotidianamente muero.

El tiempo me golpea cauteloso,
pero mis muertes
escapan hacia la levedad
del delirio incontenible.
Y entonces
yo
cotidianamente muero.

Y mis muertes son más negras
y deleznables.

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