PASAJERO Subes al impertérrito ferrocarril de la vida, y en cada estación te bajas para dialogar con el hastío. Y en cada túnel de la noche sueñas de prisa porque -aún en la oscuridad- flotan pensamientos. Al principio, cuando querías devorarte el mundo en un instante, no cerrabas los ojos en los túneles. No lo hacías, por ese afán que abrigabas de ser pasajero de todos los ferrocarriles del universo. Y descendías para conversar con el guardavías de tu destino. Mas, luego corrías presuroso hasta el andén. Es que odiabas quedarte solo en la distancia, mientras el tren de la vida iba en busca de nuevas estaciones. Ahora ya no desciendes de ese carro de los recuerdos idos, porque no ignoras que tu lentitud en este
instante es abismante. ¿O será acaso que el ferrocarril corre más
raudo? Quizás. Y por eso odias ahora ser pasajero de cualquier tren. Y temes a los túneles de cada noche. Y sientes miedo de quedarte dormido antes que emerja la máquina desde tus tinieblas. Porque ahí sí escucharás sólo el ruido isócrono e intolerable de los
fierros. En ese momento bajarás angustiado en la estación de un pueblo desconocido. Y verás desde el andén -con impotencia senil- alejarse para siempre aquel ferrocarril repleto de otros pasajeros
presurosos. |