Porque después de ti aún pude soñar. . . y amé mi libertad.

Rêve inachevé

Zurce la noche sus pestañas,
cerrando las cortinas del tiempo.
Socavan momentos lúcidos su cuerpo,
colonizando territorio onírico con
geometrías de dedos.

Soma levógira
apunta con su ala siniestra
al cielo;
es entonces su hombro mismo,
para descansar el rostro
un cojín irredento.

Bajo luminarias y una luna
que se asoma apenas,
diseminadas en manto carmesí;
ella tránsfuga de día,
se olvida de huir.

Sólo entonces es que vive,
siente. . .
y muere con el despertar lucífugo
en cada amanecer.