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Sangría
Borrarán las estaciones en mi cuerpo tu rastro, serán a mi piel
“el buen baño”. Día a día se esfumarán de mi pecho los labios que pintaste,
cuando extraviado tu hambre de amar saciaste. Padecerán mis curvas poco
a poco amnesia: de tus dedos, del calor ardiente de la fusión de vientres,
del tortuoso andar en mi topografía de tus dientes, de tus bíceps
esculturales que afloraban, cuando tú en mí, como inmensas murallas
levantabas; y no llorarán mis caderas la melancolía, de haber sido domadas
por tus piernas un día. Podré ver, no tendré la sal en los ojos, del sudor
con que me lloviste, al amarme, el rostro. Mi lengua no será más el
espejo, que proyecta de las texturas de tu epidermis el reflejo. Retará el
tiempo a la memoria de mis laberintos a describir la tibiez, del áspid que te
nacía de la boca, y estando en ellos se transformaba en pez. A mi nido la
estructura recordar, del ave que ayer viniste a guardar. Al eco a
repetir aquel grito de triunfo, porque estando vivos a la gloria entramos
juntos. No, no quedará de mi follaje a la raíz partícula alguna de tu
celo, tu saliva. Ya en el invierno estaré limpia. Y para dejar de amarte, . . . me haré
una sangría, desintoxicaré mi sangre con sanguijuelas, porque te traigo en
las venas. |