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Hoy
Nuestra espera fue el silencio, de mueca escuálida contemplando el
firmamento. Fue certeza de perdidos anhelos, fue el gemido de un sol
que
ostentando estaciones, sin parir flor alguna se extinguió. Fue la mar
de
muchos sueños, de tormentas que a playas desiertas, cuerpos en andrajos
arrojaron. Fue el árido amanecer en violáceas arrugas de sábanas
blancas,
de pieles deshidratadas, de vómito de amores y sudores fríos de traiciones.
Fue el acecho de la parca por corazones, de la amnesia de ganas y una marca
cárdena en el alma; con llagas limosneras en las palmas.
Nuestra espera fue tan larga que el anhelo fue anulando en el diccionario
del amor el vocablo "vasto", escondiendo cual ermitaño fatuo el
concepto
"tanto".
Sin esperanza ante el naufragio y con ojos extraviados, de verdes
espejismos, el oráculo que nos mueve de los adentros las cuerdas, nos
sumerge hoy en un abismo; en pena de almas gemelas.
Y pasiones y amores encontrados, y deseos y amores encontrados, y sueños y
amores entregados.
Y tú y yo, y yo y tú, y tú mi yo; los suspiros convergen, y la vida hoy se
nos dio. . .
La espera morada de letargo, amor, ¡la pena valió!
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