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Monólogo
Debiste haber nacido sin nombre,
sin colores delatando debilidades,
sin aromas. . . pasiones.
Sin el esfínter que cuelga en
el almanaque carmines
retablos, de tu sexo la fuerza.
Debiste haber nacido sin regalos,
torturas ni dones;
sin el torrente de ilusiones,
vacías de naipes las manos.
Sin sueños blancos,
sin tuétano en el alma,
sin médula en el corazón,
sin piel, sin saborear la hiel.
Debiste haber nacido sin dedos,
sin ojos excomulgados,
ninguneadores de anhelos.
Sin cintura de mujer.
Sin curvas donde mecer
huérfanos y exangües credos.
Debiste haber nacido a tiempo
y no en turquí momento.
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