Mi Ángel

Mi corazón se estremeció
cuando tus alas mi mente penetraron,
y la arquitectura de mi ser
tus símbolos descifraron.

En azules precipicios te pido:
que alimentes este vicio sin monotonía,
que vivas en el vaivén de mi falda,
que navegues en mis aguas.

Déjame encontrar tu perfume
en el rosa de una guayaba,
en el dulce blanco de una guanábana,
en la tierra mojada.

Tatúa tu nombre en mis huesos,
tu esencia en el tuétano.
Perpetúa el éxtasis
en la memoria de mis dedos.

Y continúa volando, ángel mío,
sobre los surcos áridos
de mis adentros.
¡Déjame decirte que te amo!