Waldo López

México

waldo_magma@hotmail.com

 

El mago de lo eterno

  

El alba que nace anuncia el soliloquio de una nueva esperanza,

renovada en el atrio de los antiguos adoradores del relámpago.

El tiempo en sus vueltas disparado al infinito

no conoce la renovación de la tristeza

ni la tregua al vandalismo amoroso que se escurre

en las alcantarillas del universo,

de cuya alma de fuego se desprenden las lenguas

que lamen la orilla de lo eterno.

Prestos a colocar el nuevo calendario, de propósitos opulentos sus matices

y adoquinada la carrera presurosa de la corriente

donde arderán los juglares del futuro.

¿Cuánto más, con la mirada en las estrellas y juntas

las palmas de las manos, esperaremos lo imposible

en la impasible vida que se desmuere?

Sin cantos gregorianos ni absurdas penitencias

por el pasillo que conduce a los sueños

pasa efímero el perfil de un algo transparente

arrastrando su desvanecido alo blanco,

que se evapora al soplido de los huesos despostillados.

Tras el sueño que nos desgasta la memoria

el tiempo parirá un nuevo día,

reconquistaremos, con la aguja hallada en el pajar

las horas que navegan indiferentes en un propósito desconocido,

pincharemos a la luna y nos bañaremos en un río de luz.

Tras la última sonrisa ataviada con lentejuela de rocío,

la mañana despierta en su incorpórea majestad

yo emprendo un viaje en un espíritu de salmón,

no es adelante ni hacia atrás

ni abajo o hacia arriba

es un viaje que gira en todas direcciones

libre al fin de fantasmas  adquiridos a granel.

Desde una flor o desde otro sol este mundo no es tan interesante

ni se escatiman bagatelas en torno a lo imposible,

el aire, el olvido, las caricias y las predicciones

son objetos coleccionables del gran mago de lo eterno

de cuya túnica solo vemos brillas las estrellas por la noche