Marcelo Di Masi (Mandinga)

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Argentina

 

Cartas prolongadas

Fue de cartas prolongadas

Que nació este amor tan dulce,

Porque fue como antes era

En los siglos precedentes,

Donde amor era pasión

Y no tiempo convivido,

En tu lecho frío y tenue

Me entregaste tu dulzura,

Asediada por un fuego

Que brotaba de tu adentro,

Y sentiste el cosquilleo

De un amor que huele a bello,

Que entre cartas fue creciendo

Y fue alzándose a la cima,

Para desplegar sus alas

Y expandir sus fantasías,

Fui robándote los sueños

Inventando ser tu amante,

Y entre algún poema tosco

Declaré lo que anhelaba:

Saborear tu sexo, nena,

Y ceñirme a tu cintura,

Acercarme a tus oídos

Susurrándote un te quiero,

Y besar tu tierno cuello

Descubriéndote los hombros;

Y fue allí que descubriste

Tu sostén de lila oscuro,

De tus senos derramaste

La miel pura del amor,

¡Néctar fue a mi paladar!

Y mi lengua ya endulzada

Suavemente acariciaba

Tus pezones tan erguidos,

Tan deseosos de pasión

Y de sexo enloquecido,

Una y dos y otra vez más

A mi boca los llevaba,

A mis ojos a mi frente, a mi rostro y a mis labios,

Tales ansias yo tenía, de gozar el poseerlos,

Y recuerdo que a tu pubis

Inclinaste mi cabeza,

Y al compás de bellos sones

Tus gemidos denotaban

Que un ardor te enloquecía,

Fui bebiéndome la lava

De un volcán que erosionaba,

Y entre arritmias y estertores

He gozado tus ardores,

Ya arrobada por el éxtasis

Zigzagueabas tus caderas,

Y agotada de placer

Has caído en el letargo

Del orgasmo más ardiente

Que jamás hayas tenido,

Y extenuado tu deseo

Me abrazaste y me besaste,

Saboreando de mis labios

El dulzor de tus adentros,

Ya bajabas con tu lengua

Tan perversa endemoniada,

Recorriendo el torso mío

Adornado de tus besos,

Ya llegabas a mi sexo

Que latía en desenfreno,

Y tu lengua lo envolvía

Y tus labios lo rozaban,

Te bebiste mi licor extasiando mis pasiones,

Y frotando entre tus tetas

Mi pasión enloquecida

Mis espasmos yo dejaba

En tu cuerpo floreciente,

Y en la calma del descanso

Del deseo satisfecho

Tu carita entre mi pecho

Y mis manos descansaba,

Fue al final con mis caricias

Que acudían a tu rostro,

Que se fue una tarde bella

Como nunca había tenido,

Hoy te encuentro en mi recuerdo

Y te extraño en mis ensueños,

Y aunque estés con tus amores

Y yo viva con los míos,

No será tan dulce y bello

Como aquella tarde nuestra.