No sigas leyendo...

jmmonte.3021@cajarural.com

No sigas leyendo.
La hoja de papel que sostienes es un campo de minas.
Puedes encontrarte con una palabra bala.
Con una incomprensible metáfora daga.
Con una metonímia asesina, con una rima mortal.

Aún estás a tiempo de dejarlo.
De no caer en el laberinto de una perífrasis cabalística.
En el tamaño desproporcionado de una hipérbole, que es un cepo para ratones.
De no dejarte engañar por sus trucos de feria,
por sus luces tapadas de celofán.

Yo que tu lo dejaría. El siguiente verso puede ser definitivo.
Encontrarte de bruces la desolada palabra amor, mientras se limpia las lágrimas con un pañuelo negro.
O que te ataque por la espalda, agarrándose a tu cuello,
aquella palabra que te hace apretar la mandíbula: muerte.
Ya ha salido. Vamos por mal camino.
Mientras escribo lo que lees, una sinécdoque rabiosa me hace presa en el tobillo, con la ferocidad de la desolación.

Ojo compañero, un poema bien podría ser una emboscada.
Un poeta ventajista puede enamorarte con palabras de anís, y decirte, susurrarte: tus ojos son comestibles, como almendras garapiñadas, o: la luz de tu cuello es como lanza de crepúsculo.
Por descontado puedes dar por perdido tu dulce corazón.

Ocurrir cosas peores es probable,
Puede ser un poeta sincero y decirte cosas ciertas,
en este caso es mejor cerrar de inmediato tus ojos, tapar tus oídos y no respirar si es posible.
Puede desnudarte un poeta que se desnuda.

Yo ya te lo advertí.
No sigas leyendo, no leas ni uno de estos versos, ponzoñosos versos.
Que de repente te preguntas cosas extrañas. No duermes por las noches, y vas contando por ahí que no sabes lo que te pasa.

No obstante ya que has llegado hasta aquí.
Y en muestra de mi aprecio, compañero,
te contaré lo que algunos hacen para salvar el abismo.

Dejarlo en la primera linea, o en la primera letra.
No permitir que el poema te lleve como resaca en el océano.
Y después; disimular si aún te quedan fuerzas.