A la puerta de este tiempo...

A la puerta de este tiempo
me he sentado como un hombre cualquiera.
Y miro las cosas
con su orden y desconcierto
formarse,
llamear
y finalmente huir sin huella.

Otras parecen detenerse
a mis pies
y estiro los brazos
por tocarlas
y confirmar su existencia,

pero siempre mis dedos
se hunden en esa ceniza
de su leve inmanencia
como fría ironía
de lo que existe
y no es
en mis manos.

Me silencio luego
con un temblor de labios
por esperar la noche pura,
y en ella lloro fuegos fatuos
que encienden mis lágrimas:

he sentido sobre mis hombros
otras manos que buscaban
la luz de las cosas
y se hundieron vacías
en las cenizas
de mi existir
y no ser
en esas manos.