PLEGARIAS DE HOMBRE

Publicamos una plegaria que Légaut estimaba especialmente.

Plegaria V

[Comentario]
Estar en presencia de sí para estar en presencia de Dios implica asumir con lucidez la condición propia del hombre y captar su aspecto dramático: arrojados a la vida, en soledad, a medio camino en la vía de llegar a ser, sumergidos a veces en un cúmulo de tinieblas interiores, inmersos sin cesar en contingencias efímeras de todo tipo, que disipan o perturban, y, sin embargo, por la fe y la fidelidad, alcanzar, poco a poco, una existencia que llega a resultar única en su unidad, consistencia y estabilidad. Estar en presencia de sí para estar en presencia de Dios implica desposar la propia condición de hombre, dar gracias por ella, y, de ese modo, afirmar la esperanza y la fe.

[Texto]

Infimos y efímeros
pero necesarios;
sepultados en lo inmenso
pero conscientes;
perdidos en lo innumerable
pero únicos.

Inmersos en la complejidad
y en la ambigüedad
pero también esencialmente simples;
limitados por todas partes
pero cada uno, en sí mismo,
propiamente, misterio;
inacabados por naturaleza
pero en potencia de cumplimiento.

Entregados a las leyes
de la materia y de la vida,
atados sin remedio a las cadencias
de tiempos y lugares,
pero libres y responsables
en nuestro mismo centro.

Sometidos a la desgracia,
destinados a la muerte,
pero llamados a ser.

Solitarios entre solitarios,
codeándonos más que conociéndonos,
pero en camino hacia la unidad.

Improbables
desde el nacimiento,
siempre más improbables
durante el crecimiento.

Tanteando frente a lo inextricable,
tropezando ante lo imposible,
sin cesar inclinados hacia el menos ser...

Por la fe y la fidelidad,
en medio de todo lo que se disipa,
existimos en la estabilidad;
en medio de todo lo que se corrompe,
llegamos a ser con seguridad.

Herederos de una labor inmensa,
visitados por una presencia
que no manda sino que llama,
empujados, levantados, solicitados,
alzados por encima de nosotros mismos,
emergiendo de la servidumbre,
alcanzando la libertad,
obreros de un porvenir sin fin,
inseparable de Ti, mi Dios,
nosotros Te magnificamos.

Cualquiera que sea nuestro destino,
incluso miserable, incluso trágico,
si somos, es para tu plenitud.
Ella es nuestra beatitud.

Cuando seamos puramente nosotros mismos,
ocupando nuestro lugar en lo real,
más allá del hacer y del parecer,
de los placeres y de los sufrimientos,
de los deseos y de los proyectos,
de las preocupaciones y de las angustias,
compartiremos la alegría de ser
con el conjunto de los vivientes
que van más allá del apetito de vivir,
esos ecos de tu felicidad,
- Padre -

Para creerlo de verdad,
a pesar de todo lo que lo niega,
danos la fuerza de llevar,
en tu presencia,
nuestras miserias
con dignidad,
nuestra grandeza
a pesar de nuestra pobreza,
nuestro ser en devenir
en su autonomía,
en el seno de las contingencias,
a lo largo de la vida.

Que nuestra fe,
en su desnudez,
por su arraigo en nosotros,
aventaje a nuestra ceguera.

Que nuestra palabra,
en su verdad,
por su acción en nosotros,
afiance nuestros pasos
por el camino del ser.