Predicador del Papa: No hay que tener miedo a la Renovación Carismática

Entrevista con el padre Raniero Cantalamessa

CASTEL GANDOLFO, 25 septiembre 2003 (ZENIT.org).- Lejos de ser una realidad que haya que observar con «prevención», la experiencia del bautismo en el Espíritu hace de la Renovación Carismática Católica un formidable medio querido por Dios para revitalizar la vida cristiana, constató este jueves el padre Raniero Cantalamesa, predicador oficial de la Casa Pontificia.

El 18 de febrero de 1967, treinta estudiantes y profesores de la universidad de Duquesne (Pensylvania, Estados Unidos), hicieron un retiro espiritual para profundizar en la fuerza del Espíritu dentro de la Iglesia primitiva. La llamada tuvo una respuesta sorprendente extendiéndose por los cinco continentes.

Reconocida por el Consejo Pontificio para los Laicos, actualmente más de cien millones de católicos han vivido esta experiencia, según confirma Alan Panozza, presidente de los «Servicios Internacionales de la Renovación Carismática Católica» (ICCRS, por sus siglas en inglés), con sede en el Vaticano.

Hoy, después de 35 años, la Renovación está presente en más de doscientos países.

Considerando a los fieles de las Iglesias protestantes, evangélicas y pentecostales, y algunos de la Iglesia ortodoxa, se estima que en total los cristianos que han tenido esta experiencia carismática suman alrededor de 600 millones en el mundo.

Más de 1.000 delegados de la Renovación Carismática Católica procedentes de 73 países se reunieron en la localidad italiana de Castel Gandolfo en torno al tema de la santidad --a la luz de la Encíclica de Juan Pablo II «Novo Millennio Ineunte»-- del 20 al 25 de septiembre en un retiro cuya predicación se encomendó al padre Cantalamesa, ofm cap.

El cardenal James Francis Stafford, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, y el obispo Stanislaw Rylko, secretario de dicho organismo vaticano, estuvieron entre los invitados a la cita internacional convocada por el ICCRS.

Por su testimonio de primera mano en la experiencia «carismática», Zenit entrevistó al padre Raniero Cantalamessa momentos antes de la conclusión del encuentro.

--En la Iglesia hay fieles que consideran que el «bautismo en el Espiritu» es una invención de los carismáticos. Incluso que le han puesto nombre a una vivencia, pero que no está «catalogada» en la Iglesia. ¿Podría explicar, desde su propia experiencia, qué es el bautismo en el Espíritu?

--P. Raniero Cantalamessa: El bautismo en el Espíritu no es una invención humana, es una invención divina. Es una renovación del bautismo y de toda la vida cristiana, de todos los sacramentos. Para mí fue también una renovación de mi profesión religiosa, de mi confirmación,
de mi ordenación sacerdotal. Todo el organismo espiritual se reaviva como cuando el viento sopla sobre una llama. ¿Por qué el Señor ha decidido actuar en este tiempo de esta manera tan fuerte? No lo sabemos. Es la gracia de un nuevo pentecostés.

No es que la Renovación Carismática haya inventado el bautismo en el Espíritu. De hecho, muchos lo han recibido sin saber nada de la Renovación Carismática. Es una gracia; depende del Espíritu Santo. Es una venida del Espíritu Santo que se traduce en arrepentimiento de los pecados, que hace ver la vida de una manera nueva, que revela a Jesús como el Señor viviente --no como un personaje del pasado-- y la Biblia se convierte en una palabra viva. Eso la verdad es que no se puede explicar.

Hay una relación con el bautismo, porque el Señor dice que quien cree será bautizado y será salvado. Nosotros hemos recibido el bautismo de niños y la Iglesia ha pronunciado nuestro acto de fe; pero llega el momento en que nosotros tenemos que ratificar lo que ha sucedido en el bautismo. Esta es una ocasión para hacerlo, no como un esfuerzo personal, sino bajo la acción del Espíritu Santo.

No se puede afirmar que cientos de millones de personas estén equivocadas. Yves Congar, este gran teólogo que no pertenecía a la Renovación Carismática, en su libro sobre el Espíritu Santo afirmaba que la realidad es que esta experiencia ha cambiado profundamente la vida de muchos cristianos. Y es un hecho. La ha cambiado y ha iniciado caminos de santidad.

--¿Cómo vive usted su ministerio como predicador de la Casa Pontificia desde su experiencia en la Renovación Carismática?

--P. Raniero Cantalamessa: Para mí todo lo que ha pasado desde 1977 es un fruto de mi bautismo en el Espíritu. Era profesor en la Universidad. Me dedicaba a la investigación científica en la historia de los orígenes cristianos. Y cuando acepté no sin resistencia esta experiencia, después tuve la llamada a dejarlo todo y a ponerme a disposición de la predicación, y también el nombramiento como predicador de la Casa Pontifica llegó después de que hubiera experimentado esta «resurrección». Lo veo como una gran gracia. Después de mi vocación religiosa, la Renovación Carismática ha sido la gracia más señalada de mi vida.

--Desde su punto de vista, ¿tienen los miembros de la Renovación Carismática una vocación específica dentro de la Iglesia?

--P. Raniero Cantalamessa: Sí y no. La Renovación Carismática, tenemos que decirlo y repetirlo, no es un movimiento eclesial. Es una corriente de gracia que está destinada a transformar toda la Iglesia: la predicación, la liturgia, la oración personal, la vida cristiana. Así que no es una espiritualidad propia. Los movimientos tienen una espiritualidad y acentúan un aspecto, por ejemplo la caridad. Ante todo, la Renovación Carismática no tiene fundador; ninguno piensa en atribuir a la Renovación Carismática un fundador porque es algo que ha empezado en muchos lugares de diferentes maneras. Y no tiene una espiritualidad; es la vida cristiana vivida en el Espíritu.

Pero se puede decir que como la gente que ha vivido esta experiencia constituye socialmente una realidad --son personas que hacen determinados gestos, oran de cierta manera- entonces se puede identificar una realidad social cuyo papel es simplemente el de ponerse a disposición para que otros puedan tener la misma experiencia, y después desaparecer. El cardenal Leo Jozef Suenens, que fue el gran protector y partidario de la Renovación Carismática en los comienzos, decía que el destino final de la Renovación Carismática podría ser el de desaparecer cuando esta corriente de gracia haya contagiado a toda la Iglesia.

--A punto de concluir la predicación de un retiro al que han acudido mil delegados carismáticos de todo el mundo, ¿qué mensaje le gustaría lanzar al creyente que desconoce la Renovación?

--P. Raniero Cantalamessa: Quiero decir a los fieles, a los obispos, a los sacerdotes, que no tengan miedo. Desconozco porqué hay miedo. Tal vez en alguna medida porque esta experiencia comenzó entre otras confesiones cristianas, como pentecostales y protestantes. Sin embargo, el Papa no tiene miedo. Ha hablado de los movimientos eclesiales, incluso de la Renovación Carismática, como de signos de una nueva primavera de la Iglesia, y muy a menudo hace hincapié en la importancia de esto. Y Pablo VI afirmó que era una oportunidad para la Iglesia.

No hay que tener miedo. Hay Conferencias Episcopales, por ejemplo en América Latina --es el caso de Brasil--, donde la jerarquía ha descubierto que la Renovación Carismática no es un problema: es parte de la solución al problema de los católicos que se alejan de la Iglesia porque no encuentran en ella una palabra viva, la Biblia vivida, una posibilidad de expresar la fe de manera gozosa, de forma libre, y la Renovación Carismática es un medio formidable que el Señor ha puesto en la Iglesia para que se pueda vivir una experiencia del Espíritu, pentecostal, en la Iglesia católica, sin necesidad de salir de ella.

Tampoco hay que considerar que se trata de una «isla» en la que se reúnen algunas personas que son un poco emocionales. No es una isla. Es una gracia destinada a todos los bautizados. Los signos externos pueden ser diferentes, pero en su esencia es una experiencia destinada a todos los bautizados.
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