GOETHE - EL FANTASMA DE WEIMAR
 
ALFONSINA JANÉS NADAL
Universitat de Barcelona

Un ilustre difunto tiene diversas maneras de mantener su recuerdo entre los vivos: mediante monumentos y publicaciones que acercan directamente su efigie y su obra, o mediante la continuación del esplendor cultural iniciado por él en la localidad donde vivió. En Weimar, Goethe dejó su huella en las dos direcciones. Si en los siglos XIX y XX la primera vía no presentó problemas en el sentido de que su finalidad única fue ensalzar la memoria del genio, la segunda resultó algo más delicada, pues comportaba el peligro de que, a fuerza de salvaguardar una tradición cultural, sus representantes acabaran usurpando el puesto del promotor. Sin embargo, este peligro nunca llegó a un grado agudo, de manera que puede afirmarse que la elección de los supuestos "sucesores" no pudo ser más acertada. A mitad del siglo XIX y comienzos del XX, Weimar vivió dos nuevos períodos gloriosos, concretamente en el terreno de la música y del arte, pero las características individuales de las personas implicadas y las circunstancias históricas impidieron que Goethe tuviera que ceder, ni siquiera por poco tiempo, el primer puesto que había conquistado.


Alfonsina Janés Nadal