LA EDUCACION POR LA PAZ COMO CONJUNTO DE ACTITUDES

ADEMÁS DE ASIGNATURA TRANSVERSAL.

por el Dr. E. Fuentes Goyanes.

Universitat Rovira i Virgili. Tarragona.

En los encuentros de educadores preocupados por considerar la PAZ un
contenido de la enseñanza en Catalunya, se evidencia la falta de tradición
escolar en afrontar retos que provienen de la universalización del
HUMANISMO. 

El mero estudio histórico, ya sea general o nacional, no induce a pensar en
un cambio de planteamiento en la comprensión de los conflictos de los
pueblos. Pero se había valorado la capacidad para memorizar las sucesivas
guerras púnicas, las batallas que supusieron un avance territorial de un
reino, y los nombres de héroes que sirvieron a la independencia de un país. 

La crítica contemporánea ha intentado dar explicaciones a la evolución de
los acontecimientos incluso considerando condición sine qua non la guerra,
la lucha de clases o la represión del ciudadano.

La conciencia humanitaria se pronunció en contra de la opresión entre los
iguales, pero justificó con philípicas discriminatorias la razón práctica de los
estados de excepción, salvadores del orden o paz social y la guerra contra
la infiel o el salvaje. 

Pero incluso en las democracias avanzadas, la libertad de expresión no se
ha utilizado para hacer un análisis de los hechos, sino movida por las
multinacionales de la prensa o la televisión, a veces bajo el eufenismo de
tecnicismo, ha utilizado la metáfora relativizante, la ironía paralizante e
incluso la mentira sin más como aliadas del fin justifica los medios.

Podemos resumir que la educación tradicional ha utilizado conceptos,
conocimientos y desarrollo de actitudes en la guerra como enseñanza o
como también ha apuntado Mac Luhan la enseñanza como guerra.
           
Por eso, cuando queremos dotar de un nuevo contenido a la educación,
proponiendo una area de educación para la paz, tenemos que indagar en la
génesis de los comportamientos culturales, establecer antecedentes de que
hay hechos que confirman la vía alternativa de un desarrollo humano que
evita el imponderable guerrero, depende que hechos históricos
seleccionados, a qué teorías nos remitimos, a qué formas retóricas
recurrimos, para encadenar un discurso pacifista.

Los acontecimientos de Iraq, Bosnia o México son paradigmas suficientes
para explicar y justificar una educación para la paz.
          
Un problema de mercado, limitado al producto petroquímico, extrapola
datos referentes reparticiones territoriales del periodo colonial británico y
su forma de trasferir la  soberanía a los pueblos afectados, pero por otra
parte una postura de dominio no duda en acudir a la retórica de la
revelación divina o a la tecnología televisiva.

La paz en sí misma no deja de ser el resultado de una conquista, no
dejemos de leer a Platón, a Maquiavelo, a Hobbes, pero quitémoles la razón
como intentaban Nietzche. Cuando Bartolomé de las Casas defendió a los
indios de la esclavitud se opuso al estado natural que argüían algunos
escolásticos amparándose en Aristóteles para justificar el dominio del
civilizado sobre el salvaje.

Pero ser pacífico es aceptar ciertas condiciones naturales o sociales por
encima de los instintos de liberación o los complejos de inferioridad.

Hablar de paz comporta convenciones que se refieren a lo que sucede tras
la guerra.

El ser humano tiene predisposición hacia la lucha, como la tienen los lobos
que cazan en manada. El ser humano tiene predisposición a salvar lo más
sacrificando una oveja, aquella más deforme o floja, y pactar con los lobos.
Siempre se ha indicado que la virtud y el arrojo era connatural de los
varones, a los más machos, y que los pactos más duraderos se efectuan
entre caballeros. Un acercamiento interpretativo a las actitudes
contemporáneas se desvela cada vez más ambiguo a medida que está
realizado por mujeres, introduciendo en el humanismo tradicional, elementos
feministas, antirracistas e indiscutiblemente ecologistas.

Los seguidoers de Dian Fossey han demostrado que las hembras de gorila
son capaces de acciones de arrojo y lucha como los machos, lo qual
demuestra que los impulsos guerreros se polarizan culturalmente y por
tanto se pueden educar en ambos sexos. 

El hombre desde sus orígenes educó para la guerra, creó cuerpos de
ejército, estableció academias militares i desarrollo la estrategia, la ciencia
y la tecnología al servicio de la guerra, para conseguir paces duraderas en
los territorios dominados.

En la actualidad, el pensamiento pacifista intenta contradecir el sofisma de
los pueblos pacíficos no tienen historia. Se ha llegado ha fundamentar una
teoría de que el desarme nuclear mejora las condiciones de desarrollo
económico y ayuda al refuerzo de la democracia. Pero la más novedoso és
considerar a un cuerpo de ejército internacional como los cascos azules,
imprecindibles para impedir que otros hagan la guerra.

Desde la vertiente pacifista también podemos recurrir a ejemplos
naturalistas y ver que muchos animales desarrollan sistemas de asociación,
de protección y no de ataque, o simplemente sobreviven sin conflictos en
un territorio equilibrado. Podemos citar una larga serie de principios
religiosos desde cristianos a budistas, y de argumentos filosóficos como los
aportados incansablemente por Bertran Russel.

Es indispensable pensar en una enseñanza para el desarrollo de actitudes
pacíficas y una teoría social basada en la satisfacción y la tranquilidad
mediantes la solución de los conflictos humanos tradicionales motivados
por leyes del instinto o en la desigualdad social.

La tradición cristiana hace incapié en la paz, pero la mantiene con la
caridad. En la escuela se reprimen los a veces necesarios impulsos
agresivos de los niños,no considerados equilibradores de sus necesidades
naturales.También se recurren en sermones y filosofías fáciles,pero no se
presta atención a la tensión de las edades,los sexos o de otras diferencias
evidentes.En las instituciones hay  luchas continuas por el poder,hay celos
profesionales e incluso agresiones entre sus miembros,este clima no es el
mejor modelo para fomentar la paz.

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